Ese algo que hace del domingo, concretamente su tarde, un engendro tan poco agradable es que constituye el fin, un camino hacia la vuelta a lo laboral. Si todo eso le unimos que las calles parecen desiertas (en algunos sitios más que en otros) podemos alcanzar el curioso deseo de que llegue el lunes.
Los tiempos de transición, los tiempos cuyo valor es puramente el pasar, son quizá por ello los más onerosos y los más lentos. En el domingo las posibilidades del fin de semana se han agotado: lo que pudo ser fue, lo que no se queda como posibilidad para el siguiente fin de semana (en el mejor de los casos). El domingo es vacuidad, balance, silencio y la búsqueda de mil maneras para rellenar la socialidad en el ese día perdemos.
(Extraído de http://geografiasubjetiva.com/2009/09/07/domingo/)
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